HIDRANTE... BENDITO HIDRANTE


El 2 de agosto salió una convocatoria de arte del Museo Susquehuanna de Harrisburg, que invitaba a todos los artistas a enviar bocetos para concursar y pintar un hidrante en la ciudad de Midtown. Sí, un hidrante de esos que sirven como una toma de agua diseñada para proporcionar un caudal considerable en caso de incendios, utilizada por los bomberos.
Pasé varias noches planeando el diseño y los colores que iba a utilizar y sin muchas ilusiones envié mi propuesta del hidrante. Nos presentamos 90 artistas a esta convocatoria y sólo 12 quedamos seleccionados. 

En Calder St. con 3, me encontré mi decolorado y triste hidrante, y vaya casualidad que mi apellido es Calderón. Así que decidí que mi hidrante sería un súper “CALDER-ON”. Sin embargo, estaba ubicado en el Ghetto (zona marginal) y ahí emprendería una nueva aventura con el hidrante… Bendito hidrante.


Mi esquina:
Mi hidrante estaba situado al lado de un supermercado en donde trabajaba Debbie, una negrita hermosa que cada vez que salía a fumar me daba ánimos y el primer día me regaló unos guantes de jardinería para que no me ensuciara las manos y además me prestaba el baño. Al frente a mano izquierda había un taller de carros y el dueño era un hindú de muy buen corazón, que al ver que no sabía muy bien cómo limpiar el hidrante vino corriendo a regalarme un cepillo especial para sacar la pintura de metal y al final me terminó regalando una laca para proteger la pintura y darle brillo. En la otra esquina quedaba un banco, el cual me hacía sentir segura por la presencia de los guardias. Frente al banco había dos bares, uno de un travesti de aproximadamente unos 75 años, que me saludaba todos los días con su gruesa y masculina voz; y otro de donde salían todos los borrachines del barrio.



Primer día:
Para poder pintar el hidrante tocaba primero quitarle todas las capas de pintura que tenía desde el año 1980 y esto se hacía con un producto que al entrar en contacto con la piel empezaba a quemar y a picar, por eso decidí usar un overol desechable para no tener ese tipo de problemas. Capas y capas, raspe y aplique producto quema piel…


Ese día tuve el primer visitante. Se llamaba Maurice y se presentó como un ex militar del ejército estadounidense que había renunciado porque ya no estaba de acuerdo con las políticas de su país. Me contó que ahora era pintor y que había llegado a la ciudad hacía poco y que tenía miles de materiales que me podía regalar. Se despidió y a la media hora apareció con thinner, guantes desechables, toallitas, lijas y hasta crema Eucerin para la resequedad después de pintar. Al principio pensé que era un gesto sin interés y que lo hacía porque de verdad quería apoyar la “causa” ya que todos los artistas tuvimos que poner los materiales y es un tipo de “voluntariado”. Ingenua como soy, le acepté con emoción su detalle, y no se volvió a ir más de mi lado. Dijo que se quedaría ahí porque era una zona muy peligrosa y que yo era como su hermana o sus sobrinas y que me tenía que proteger, esto no paró de repetirlo... Maurice se volvió mi Stalker pero uno de buen corazón, aunque un poco loco para mi gusto. Al otro día no aparecí porque esa situación me intimidó un poco.



Segundo día:
Al pleno sol de verano yo seguía quitando las capas y capas de pintura que salían de ese bendito hidrante… la limpieza fue eterna, me demoré varios días quitándole hasta el último residuo de pintura. Finalmente, tenía que quedar perfecto para que pudiera empezar a pintar. Algo que me impactó mucho fue que pese a que era una mala zona, la mayoría de las personas que pasaban por ahí, sin preguntarme nada, salían del mercado con algo de tomar para mí. Y esto fue algo que pasó todo el tiempo. Por más barrio marginal que fuera, la gente que encontré ahí tenía un corazón de oro y eso lo aprecié mucho porque son detalles de personas desconocidas que agradecen que hagan algo lindo por su ciudad y lo valoran de verdad. 


Ahí conocí a John un negrito con ojos azules muy buenmozo que trabajaba cocinando en refugio para indigentes. Ex drogadicto y ex alcohólico, este morenito tuvo una segunda oportunidad en la vida, además de trabajar haciendo algo bueno por los demás, había conseguido una beca a los 45 años para empezar a estudiar en un College trabajo social. John pasaba todos los días a saludarme y a contarme la receta que había hecho en el día con las donaciones o mercados que recibía y los platos exóticos que le salían. Fue un personaje vital en la elaboración del bendito hidrante, porque cuando más cansada, o aburrida estaba, siempre llegaba con su sonrisa y sus ojos azules que resaltaban por el contraste de su piel y me daba ánimos.

Tercer día:
Empecé a entender la dinámica de la zona, la mujer gritándole a su esposo borrachín que por favor saliera del bar y fuera a trabajar, los loquitos que pasan de calle en calle hablando solos, los que esperan el bus, pandillas en sus carros con las ventanas abajo y música a todo volumen, etc. Eso sí, todos los que pasaban tenían que ver con el hidrante y no había uno al que no le causara curiosidad que una monita estuviera pintando en un barrio afrodescendiente; súmenle que mi acento en inglés es igualito al de Sofia Vergara en Modern Family. “Tienes un acento raro, ¿eres rusa? ¿Rusa, alemana, sueca?" “No, soy colombiana”, ¿Colombiana? Preguntaban… “Ahhh entonces ¿estás acá pintando el hidrante porque saliste de la cárcel y estás haciendo esto como castigo?” O, “No pareces colombiana, los colombianos no pueden ser blancos ni rubios”…. Y créanme que esto no pasó una vez, sino todos los días que estuve trabajando en el hidrante no había persona alguna que no se asombrara por ser una monita colombiana que hablaba inglés a lo ruso. Aunque debo admitir que muchos sí sabían dónde quedaba Colombia y cuando les decía: soy de Colombia, sur América, me respondían que ellos sabían y que no tenía que explicarles dónde quedaba mi país, aunque no entendían lo de monita y blanquita colombiana.

Cuarto día:
Empecé a poner la primera capa de pintura. La tapa en este caso era azul porque el color indica la presión del agua y varía dependiendo de la zona, y al resto del hidrante le puse una capa blanca como base. Eso fue todo lo que pude hacer esa tarde. 


Desde el primer día le tomé fotos al hidrante para ver el proceso, y aprovechaba que siempre veía por ahí una mujer que iba y venía para pedirle que me tomara algunas con mi celular. Ella era desarreglada, sus camisas no le alcanzaban a tapar la barriga, tenía dientes cafés como si estuvieran a punto de caerse y se le veía una tristeza interior única. Pero siempre pasaba y decía que le gustaba mucho el trabajo que estaba haciendo.

Después de terminar las capas decidí quitarme el overol porque hacía mucho calor y debajo de él tenía puesta una camisa de esas que no me importaba que se manchara de pintura y estaba medio rota, llevaba unos shorts de jean y chancletas. Y con materiales en mi bolsa de reciclaje crucé la calle y me paré en frente del segundo bar, ya que ahí se encontraba la parada del bus que justo ese día se demoró más de la cuenta en llegar. De repente mientras esperaba el bus se parqueó en frente mío un personaje en un carro de color negro, que bajó su ventana y me dijo unas palabras, pero no le entendí ni pío. Y justo un señor que estaba detrás de mí riéndose le dice: “no, ella es la artista que está pintando el hidrante” y el carro arrancó. El señor no paraba de reírse y me dice: “pensaron que eras una prostituta” ¿Qué? ¿Yo? ¿Una prostituta? ¿Tengo pinta de prosti? No sabía si reírme o llorar, si debía sentirme halagada o humillada... Y si había creído que entendía la supuesta “dinámica” del barrio estaba muy equivocada.

Y ahí me di cuenta que la señora con esa tristeza interior que admiraba mi trabajo todos los días con palabras dulces y me tomaba algunas fotos, era la prostituta del barrio y ese día supongo que le quité su trabajito o al menos fui su competencia. Está anécdota es muy dura porque me di cuenta no sólo de lo ingenua que soy, sino de lo fuerte de la situación. En plena luz del día, borrachos, travestis, loquitos, gente normal viviendo con eso sin darle mucha importancia, como si fuera lo más normal del universo. Será muy real la situación y sé que pasa en todas partes del mundo; pero sigue abrumándome la idea que alguien tenga la necesidad de vender su cuerpo por unos pocos dólares, porque les aseguro que esa prostituta no era de las finas y supongo que pensaron que yo tampoco jajajajajaja. Habrán pensado "esta rusa, colombiana, salida de la cárcel ¿y además puta?”

Quinto día:
No pude ir por varios días ya que Harrisburg estaba en emergencia por inundaciones y mi lindo hidrante también sufrió por el agua y la capa blanca que le había puesto días anteriores quedó manchada.

 
Sexto día:
Hice mi diseño y le puse cinta azul a mis formas para empezar a pintar. Ese día vino al que llamé “el loquito con mente de enciclopedia” porque sus conversaciones empezaban: “Bonito tu hidrante, hierro, el hierro en 1939 fue importante para la economía, 1939 empezó la II guerra de la historia. Hitler, comandante alemán. Holocausto, murieron 6 millones de judíos. Judíos, el pueblo elegido por D-os... Chao, que tengas un buen día”. Y al otro día llegaba y se paraba al lado mío y empezaba nuevamente: “Hola, muy lindo tu hidrante debes estar cansada, cansada como los deportistas, Red Sox fundado en 1893; Equipo de béisbol, grandes ligas... Grandes ligas, Joseph Paul DiMaggio, Noviembre, fue uno de los mejores beisbolistas estadounidenses, Grandes Ligas, Yankees… chao, muy lindo trabajo” y cada día era así con datos diferentes. Me dio tanta curiosidad que hasta agarré mi celular para grabarlo cuando llegaba a hablarme y creo que voy a extrañar sus datos curiosos y su forma de hablar.

Séptimo día:
Decidí llevar audífonos para no tener que hablar más con nadie, ni oír los cuentos locos de la gente y así poderme concentrar en mi diseño. Pero ni así funcionaba. La gente pasaba y admiraba el hidrante y me felicitaba y sentían una inmensa curiosidad por saber todos los detalles. Cada persona que pasaba tenía algo que decir. Y ahí es cuando uno entiende que la gente en USA tiene una necesidad increíble de hablar con cualquier persona, porque la gente vive muy sola. 

Ese día se acercaron dos hombres con atuendos religiosos que se pararon en frente mío. Eran predicadores del evangelio y al parecer creían que yo necesitaba ser salvada. Un predicador es un heraldo o mensajero encomendado que proclama la palabra divina, un embajador de D-os como ellos dicen. Uno era de México y el otro de Guatemala, ambos de 21 años y de baja estatura, vestidos con una pantalón negro y camisa blanca manga corta, que en la parte derecha llevaba un distintivo con su nombre. Los predicadores acostumbran a ir en pareja y su misión es caminar por las calles dedicando su tiempo a evangelizar a los transeúntes por 2 años según lo que me contaron. 

Lo primero que me preguntaron era que si creía en D-os. Pero para no hacerles perder su preciado tiempo les dije: “Sí, pero creo en el mío, soy judía”. Pero no entendían porqué una colombiana podía ser judía y creían que les estaba tomando del pelo para deshacerme de ellos. Y me tocó explicarles cómo era eso posible. Después de ver que no tenían ninguna posibilidad de “salvarme” estos dos jóvenes siguieron su camino por las calles de MidTown, pero no sin antes darme una tarjeta por si cambiaba de opinión.

Octavo día:
Ya todos me conocían, me saludaban, se sorprendían al ver los avances del hidrante, y yo ya me sentía parte del lugar, porque ahí dejaría mi obra llamada “Urban Prints at Calder” o (At CALDER – ON), que con trazos firmes y colores alegres le daría a esa cuadra triste y sobria un toque mágico, en donde las sonrisas, esperanzas y sueños de estas personas se podrían refugiar por siempre allí. 


Noveno y último día:
Fue una experiencia agotadora, pero al mismo tiempo enriquecedora, porque ahí es cuando uno se da cuenta de los contrastes de la vida y las diferentes realidades que existen en este mundo. Así que más que una convocatoria de arte que finalmente gané por el apoyo incondicional de mis amigos, familiares y los Twitteros (que esa es otra historia que hay que contar), dejé una huella, una huella muy mía en un lugar que merece alegría; y esa fue para mí la mejor ganancia. Y sé que Debbie, Maurice, John, el loquito con mente de enciclopedia, el hindú del taller de carros, los borrachines del bar, el travesti, la prostituta y hasta los pandilleros, se acordarán de mí al pasar por el hidrante… y yo me acordaré de ellos… Y sabré que dejé una huella en la tierra como Vivi, como artista, como judía, como colombiana y sobre todo como humana.



27 comentarios:

  1. Buenos personajes!! escribiré un corto pensando en tu historia del Hidrante Calder-on!! @SarisRamirezP

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  2. Espero que me lo muestres mi Saritah divina!

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  3. Me agradó tu historia y lo "viví" como si hubiese estado allí. Vivian, un abrazo y te felicito por tus vivencias.

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  4. Una excelente historia para compartir, interesante y fuiste tan minuciosa al contarla que me sentí como acompañándote ahí. Un abrazo gigante y punto para ti con el hidrante :)

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    1. :) gracias por acompañarme en este proceso... :)

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  5. Muy bonita la forma de narrar toda la "odisea" con el hidrante. Será una experiencia inolvidable :D

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  6. Excelente experiencia, un simple hidrante provoca toda una experiencia de vida.

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  7. Qué historia tan bonita. Muy chévere lo que hiciste. Estoy conmovido.

    Saludos.

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  8. Muy buen relato. Y te quedo cheverísimo el hidrante.

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  9. Hermosisimo relato, Felicitaciones, conocer la cultura o las subculturas, cosas difícil, pero detrás del ejercicio, es muy satisfactorio, estaba pasando los post del gReader, y dije, lo voy a leer, y me gusto un montón. adelante en tus proyectos, chao!

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  10. Que historia tan espectacular y el hidrante quedo divino.
    Ya había leido algunos twitts tuyos en tu proceso, pero me encanto conocer el proceso y las historias de todas las personas que se acercaron a ti.
    Un abrazo.

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  11. Disculpa la expresión pero es sencillamente una experiencia de vida muy del putas! Te felicito!!! Y el hidrante quedó lo máximo!!!!

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  12. Una constructiva experiencia sobre los matices de la vida, con un final bastante lógico: un bello resultado concebido por una bella artista. Mis sinceras felicitaciones, Vivi... ;)

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  13. Oohhh Wow... q historia tan increible Vivi.. los personajes, puedes escribir toda una novela alrededor del hidrante.. q cosa tan maravillosa la que viviste, compartiste y colaboraste.. me salió una lagrimita y todo!...

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  14. Viví, fantastic story! You must be so proud of your beautiful hydrant! ^_^

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  15. Vivi es una artista.! Una merodeadora de emociones que deleita a la vida con su existencia… Una artista quien siente el mundo a través de sus poros, una inmensa caja de sorpresas que nos deleita con tesoros inimaginables. Una artista que siente y se reconoce en la empatía con el otro… En su historia, en la narración de sus personajes, en la comunicación con el barrio, y la descripción precisa y lucida de cada una de sus palabras, con tu dedicación desde la limpieza del hidrante hasta la elaboración de la obra, haz logrado de un objeto inerte dar a una comunidad una obra artística y recordar la misma obra que hay en tu historia de vida. Una calle en Midtown lleva tu nombre y tu luce tu creación mas genuina. “Bendito Hidrante”… que a la gente deleitara por siempre y a tu memoria regalara una sonrisa cada vez que pase por el lado; de la creación única de una artista, una judía, una colombiana y sobre todo un excepcional ser humano.

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  16. Wow! Que bella historia y que buen relato. Felicitaciones Vivi por tan hermoso aporte social y artístico a una comunidad que sin duda alguna te recordará cada vez que vean tu Calder-On Hidrante.

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    1. Mi Mancel te quiero muchooooooooooooooooooooooo

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  17. Releí la historia del Bendito hidratante seria bueno que lo visites y continúes el relato pues es otra de tus fortalezas la escritura que es el resultado de tu formaciòn.

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